No nos podemos imaginar lo difícil que es la crianza hasta que estamos inmersos en ella. Sin darnos cuenta, puede ser una fuente de conflicto en la pareja. Cada uno viene de una crianza diferente donde ha tenido unas percepciones, se han podido crear unas heridas, hay unos valores que predominan y, con esto (que no es poco) nos ponemos delante de la crianza de nuestros hijos. Puede que quieras evitar a toda costa que se vuelvan a repetir patrones de tu pasado con tus padres o figuras de referencia. Es muy común sentir que se repite la misma historia. Y luchas para que no vuelva a pasar lo mismo. En este momento se despierta una necesidad de proteger a tus hijos. El problema es que podemos re-accionar desde la niña o el niño herido y eso puede ocasionar un problema a nivel familiar y dentro de la pareja que nos lleve a desencuentros, discusiones y frustración. Igual que tú, tu pareja también tiene sus experiencias, su bagaje emocional y sus valores que también trae a la crianza de vuestros hijos y, su visión, puede ser muy diferente a la tuya. Hoy queremos cambiar las cosas, queremos que nuestros hijos tengan una educación diferente teniendo muy en cuenta sus emociones, dándoles espacio, permitiendo que se expresen, poniendo límites de una forma más amorosa evitando el “porque no”, “porque lo digo yo”, evitando la bofetada, sosteniendo las rabietas, intentando comunicarnos lo máximo posible sobre cómo se sienten y cómo nos sentimos nosotros. Queremos que se sientan validados, aceptados, reconocidos, vistos. Y puede ser que todo esto sea todo lo contrario a lo recibido cuando éramos niños. De esta forma podemos entrar en un conflicto, no solo interno sino en el seno de la pareja.

¿Qué va a provocar este conflicto entre nosotros, los padres?

Inevitablemente que llegue a nuestros hijos. Nunca pienses que tus hijos “no se enteran de nada”. No es así. Perciben las discrepancias entre sus padres y esto tiene consecuencias sobre todo si discutimos delante de ellos. Llegan a consulta muchas madres y padres que piensan que su hijo o hija tiene un problema ya que presenta conductas y emociones muy negativas. A veces, la solución no pasa únicamente por tratar a ese niño o niña sino ver lo qué ocurre con cada madre y cada padre de forma individual y en pareja.

¿Y qué podemos hacer?

  • Realiza un proceso de autoconocimiento: es básico tanto en la maternidad como en la paternidad. Como hemos visto, nuestro presente en el seno familiar nos está poniendo en contacto con nuestra crianza, con la relación con nuestros padres o figuras de referencia cuando éramos niños por lo que re-accionamos y nos impide actuar desde la calma y la serenidad. Este proceso de autoconocimiento te va ayudar a situarte en el aquí y ahora, darte cuenta de lo que está ocurriendo en ti y adquirir tu responsabilidad.
  • Acepta que tu pareja es diferente a ti: acepta que tu pareja tiene su historia. Es habitual querer cambiar actitudes y maneras de pensar en el otro pero eso no es posible. Solo puedes cambiar tú. Y si lo haces, el otro se moverá. El sistema se moverá.
  • Dialoga con tu pareja: es importante que asentéis unas bases muy claras respecto a la crianza de vuestros hijos para que ellos perciban que vais a la una, en el mismo camino. A los pequeños les va a dar seguridad y confianza lo que va a dar lugar a cambios de comportamiento.
  • No escondas tus emociones: aunque sea una emoción incómoda para ti (no negativa) derivada de los conflictos, explícales a tus hijos cómo te sientes (siempre en función de la capacidad y etapa evolutiva). Haciendo esto, estás asentando las bases para que sientan que pueden explicarte lo que sientan. Per cuidado, siempre sin desacreditar, criticar o plasmar una imagen negativa de tu pareja. Esto es muy nocivo para los pequeños.
  • No discutáis delante de los pequeños: a edades tempranas no saben diferenciarse aún del problema y puede que interioricen que forman parte del problema y que la culpa es de ellos. No utilices el “por culpa tuya mamá y papa…”. Es una gran herida de la infancia.
  • No desacredites a tu pareja: si lo hacemos, les estamos transmitiendo que pueden no acatar nuestras decisiones.
  • Establece tus límites: que aceptes y respetes al otro/a no quiere decir que no puedas establecer tus límites en crianza.
  • Ten paciencia y toma consciencia de que venimos de un estilo de crianza inmerso en una cultura patriarcal donde había padres ausentes, faltaba respeto a los menores, en algunos casos no nos hemos sentido valorados, vistos, reconocidos, validados. Venimos de una crianza del “qué dirán” lo que nos ha creado muchos problemas. Hoy puede limitarte sostener una rabieta en público, por ejemplo. Estamos luchando por cambiar algo muy arraigado y que no solo depende de nosotros, los padres. Y ten presente que tu niña o niño interior se activa y remueve con lo que recibes de tu pareja y de tus hijos. La responsabilidad está en darte cuenta qué te ocurre, con qué te pones en contacto para hacerte responsable tú y poder cambiar las cosas. Los demás no tienen la culpa.

Desde aquí me gustaría enviarte todo mi apoyo y energía para transitar por esta etapa de tu vida. Y animarte a que te adentres en una maternidad y una paternidad consciente mediante el autoconocimiento. Es imprescindible para acompañar a nuestros hijos.  
 

Artículo escrito por: Noelia Ballestero , terapeuta Gestalt . https://www.noeliaballestero.com

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