Tenemos la visión de que la adolescencia es una etapa muy complicada desde la visión de madres y padres y tememos que llegue este periodo cuando tenemos hijos. Y es cierto, es una etapa complicada pero no solo para nosotros sino también para ellos.

Es una etapa en la que se está conformando de una manera más adulta su “yo interno” y es la segunda salida al mundo (la primera ocurre alrededor de los 5-6 años). Es una etapa de búsqueda, de incomprensión, de confrontación, de reafirmación, de creación de máscaras de forma protectora, de necesitar vínculo con los padres y a la vez necesitar soltarlo. Una etapa donde la sexualidad es muy importante al igual que el duelo por parte del adolescente ya que está dejando de ser un niño o niña y “púber” para transitar hacia la adultez. Este duelo no solo se da en el adolescente sino también en los padres por tener que “dejar ir” al niño o niña, hijo o hija.

Estas cuestiones, en ocasiones, son muy complicadas de gestionar como padres y hacen que la adolescencia sea difícil de sostener. En este artículo me gustaría mencionar algunos tips importantes para aplicar desde la infancia:

  • Conoce cada etapa evolutiva: cuando el bebé nace su cerebro no está formado del todo, sino que lo irá haciendo acorde a cada etapa evolutiva por lo que habrá acciones o comportamientos que no podrá realizar. De esta forma, podremos entender que en la adolescencia hay comportamientos que son necesarios y corresponden a esta etapa evolutiva. Es importante entender la fisiología del cerebro en cada etapa para poder entenderlos y empatizar.
  • Acepta tal y como es: en muchas ocasiones buscamos respuestas a algunos comportamientos o maneras de ser de nuestros hijos. Además de conocer su etapa evolutiva, es importante aceptar que son ‘únicos y que tienen unas características innatas. No aceptarlo y buscar respuestas, nos puede llevar muy fácilmente al etiquetaje, a diagnósticos demasiado tempranos que lejos de ayudar, nos separan de ellos.
  • Déjales ser: la que fue nuestra crianza y nuestra educación tanto familiar, como en la escuela y en el ‘ámbito social y cultural nos ha marcado de una manera u otra y ha quedado en nosotros. Y eso, es nuestro. Es importante parar, mira hacia adentro y ver qué temas son importantes trabajar. Recuerda que nuestros hijos nos hacen de espejo. No les transmitamos nuestros miedos, dudas, ansiedades, obligaciones, etc.
  • Pon límites: los límites son importantes en la crianza. Un niño sin límites crece perdido y es algo muy común en la adolescencia. No podemos empezar a ponerlos cuando nuestros hijos son púberes o adolescentes. No los van a aceptar.
  • Habla de tus emociones, de cómo te sientes, muestra tu vulnerabilidad: es común en la adolescencia oír “es que no me explica nada”, “no sé cómo se siente”. Hemos de tener muy claro que nuestros hijos nos imitan. Si no hablamos de emociones, si no nos mostramos cercanos a ellos y no nos abrimos, no lo van a hacer por sí mismos. Proporciónales herramientas para conectar con esas emociones.
  • Acoge, apoya y sostén: hacerlo desde que son pequeños les va a proporcionar un “contenedor” que van a necesitar haber tenido en la adolescencia.
  • Atención a sus sensibilidades y habilitades: observa lo que se le da bien y poténcialo (con medida). Quizás es el dibujo, la pintura, la música, el deporte. Cuando llega la adolescencia les puede ayudar a transitar esta etapa.
  • No son un problema, tienen un problema: en muchas ocasiones acuden padres a terapia trayendo a lo que ellos denominan “el problema”: me gustaría mencionar, por un lado, que si el niño (tenga la edad que tenga) tiene un problema, el sistema familiar tiene un problema.
    Por otro lado, es importante no ponerlo como el centro del problema del sistema familiar. Seguramente los padres también tenemos cosas que cambiar.
    Por último, no es lo mismo “ser el problema” que “tener un problema”. Lo que perciben desde una mirada y la otra es muy diferente.

Cada etapa tiene sus dificultades para nosotros los padres. Es habitual leer “Los temidos dos años” o hablar de la adolescencia como la etapa más temida. Me gustaría que leyeras esta frase de Marie Curie:

A nada en la vida se le debe temer sinó comprender

Para mi esta es una de las grandes heridas en nuestras crianzas. No nos hemos sentido comprendidos. Si en vez de temer a las diferentes etapas, nos informamos, comprendemos y empatizamos, quizás será menos duro y podremos aumentar nuestra sintonía.

Artículo escrito por: Noelia ballestero , terapeuta Gestalt

https://www.noeliaballestero.com

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