¿Y si no sale bien? ¿Y si hay otro mejor? ¿Y si a nadie le gusta? ¿Y si se ríen de mi? Y si, y si, y si… es una frase recurrente que a más de uno nos suena y demasiado. Hay quien se pasa la vida entre “y sis” y vive aturdido ante tanta duda. ¿Cómo estas dos simples palabras pueden paralizar toda una vida? ¿Os habéis preguntado alguna vez, cuántas cosas habéis dejado de hacer debido a esas dos sílabas? ¿Sabemos realmente qué vienen a recordarnos o porqué motivo tienen tanta fuerza?


Un “y si” no es más que una de las más potentes expresiones de nuestros miedos e inseguridades; ya que, cuando verdaderamente tenemos algo claro en nuestra cabeza o en nuestro corazón, no nos planteamos otras posibilidades, no hay lugar a dudas. Pero cuando no tenemos certezas, cuando nos infravaloramos o pensamos que nuestras decisiones valen menos que las de otros; nuestra mente se inunda de posibilidades y éstas acaban por no dejarnos ver el camino a escoger.


La vida al final consiste en elegir. En tomar decisiones, en discernir entre A o B y seguir adelante con sus consecuencias. Cuando ante una situación empezamos a plantearnos cientos de “y sis”, de alguna manera sentimos que nos protegemos ante la posible adversidad que simplemente estamos siendo cautos y queremos explorar todas las posibilidades existentes y lo que en realidad estamos haciendo es limitar nuestras experiencias vitales. ¡Ojo!, con esto no quiero decir que no tengamos que plantearnos las cosas un mínimo y que nos lancemos a la piscina sin más, pero como
en todo, cualquier exceso no resulta bueno.


La aparición de un “y si” suele ser señal de que hay algo que nos da miedo, o de que no nos atrevemos a afrontarlo. Afloran nuestras falsas esperanzas, nuestros temores y nuestro cerebro se encarga de ofrecernos todas estas afirmaciones para autojustificar los miedos que nos sobrevienen. Y así, entramos en un bucle de cuestiones que, llevándonos al aburrimiento, es posible que contribuya a no llevar a cabo aquello que en un principio nos planteábamos. O lo contrario, después de un largo debate interno, acabemos por resolver que la primera opción era la indicada pero que por pensarlo tanto hayamos perdido la oportunidad de hacer tal o cual cosa.

Pero ante tanta duda, planteemos una pregunta más para darle otro punto de vista a toda esa indecisión; ¿Y si no tuviéramos todo el tiempo del mundo para decidir? Siempre nos quedará la duda de ¿qué podría pasar si hubiéramos tomado otra decisión? pero centrar nuestra atención ahí nos aparta de estar presentes en nuestra vida, de ser conscientes de lo que queremos y lo que estamos haciendo aquí y ahora.

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Si crees en los multiversos solo tienes que pensar que hay otra versión de ti disfrutando o fastidiándose por la versión no escogida, pero como dice una de las cuatro leyes espirituales de la India: Lo que sucede, es la única cosa que podía haber sucedido. Lo que viene a decirnos esta afirmación es: lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para aprender una u otra lección y seguir adelante. No hay lugar para arrepentimientos ya que de cualquier situación sacaremos un aprendizaje.

Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .