La mayoría de gente que comienza hacer meditación en mis clases, vienen porque quieren tratar algo suyo. Desde rebajar la ansiedad, calmar los pensamientos, estar más presente en su vida, identificar emociones, etc., etc., pero ¿y después de meditar que?

Hasta llegar a lo que para mi entender es el fin de la meditación, creo que hay muchas creencias e impedimentos.

La meditación, sea como sea, cuanta a más gente que llegue mejor. Gracias a la globalización del lenguaje y modas, practicar disciplinas como el running, o snorkel, o el mismo mindfulness ha sido una manera de llegar a más gente. Obviamente esto llega también a una intrusión que puede haber hecho desaparecer u obviar el fin de la meditación.

Falsa espiritualidad

Una vez le dije a mi maestro que tenía la sensación de haberme iluminado después de meditar. Su contestación fue que le avisase como lo había hecho. Pensaba que al cerrar los ojos y ver lucecitas estaba transcendiendo, o viendo la luz del universo. Lo único que pasó que le estaba prestando demasiado significado a la atención de un fenómeno llamado fosfeno. Que es un fenómeno que aparece al ejercer presión sobre los ojos.

En la meditación hay que posicionarse como observador de todo pensamiento, sensación, y emoción. No darle ningún significado para estar simplemente en la observación o al menos observar todo lo que la mente nos produce.

Tenía una creencia que recibiría mensajes del cielo cuando más aquietado estuviera yo. O que escucharía el sonido de la naturaleza, o que haría un viaje astral.

Identificarme con aquello que me genera un pensamiento, puede hacerme perder la tierra de vista y creerme mis producciones mentales. De ahí sentirse iluminado o pensar que eres alguien especial porque meditas.

El buen meditador es al que no se le nota.

La espiritualidad a veces la relacionamos con algo dogmático por nuestra educación cristiana. Pero tiene que ver más con la capacidad de la conciencia de nuestras virtudes. Esas virtudes que están tapadas por nuestro ego y nuestras neuras. Y observar sin juicio como las tapamos.

Nacemos con un ramillete de virtudes: ilusión, ecuanimidad, coraje, incluso hasta hay estudios con niños de muy poca edad que dicen que la virtud de la compasión y el altruismo está intrínseca en nosotros. La práctica meditativa es más bien dejar de identificarse con las neuras, para que afloren nuestras virtudes por sí mismas. Y, volver a recuperar aquello que
habíamos tapado con nuestro ego.

Creencias

Seguro que habrá miles de creencias sobre la meditación, pero las que más me han aparecido son las que destaco:

  • «Meditar es poner la mente en blanco».

Esta es una de las creencias más comunes que se escucha por ahí. El día que pongas la mente totalmente en blanco, lo más probable es que estés muerto. Y poner la mente en blanco es una producción que ha creado nuestra mente. Si que hay técnicas de ejercicios de visualizar una pared o pantalla en blanco. Pero es más un ejercicio de concentración para aquietar tus producciones, y centrar tu atención en algo. El concepto de poner la mente en blanco es algo que se tiene que percibir, no crear. Poner la atención en tus producciones mentales y observar el espacio que hay entre ellas, hasta dejar que llegue por sí solo ese espacio, o esa mente en blanco, si sería una buena práctica meditativa.

Otra de las creencias, es:

  • Pensar que solamente la meditación proviene del budismo.

Todas las tradiciones como cristianismo, budismo, hinduismo, taoísmo tienen un mensaje de trabajo de conciencia, de observación de nuestro ego, para ejercitar más la distancia entre mi esencia, y lo que produzco o me hace sufrir. Con el fin de potenciar todas nuestras virtudes.

Todas estas tradiciones religiosas citadas antes, han sido malinterpretadas por el poder, la manipulación y el control. En un libro sobre El miedo de Krishnamurti, dice “Aunque todas las religiones predican el amor, aunque predican la hermandad, aunque hablan de la unidad de los seres humanos, todas de forma muy sutil, cruel o generosamente, mantienen ese miedo” Ese miedo que si no estás con ellos estás perdido, creando una cierta dependencia.

Pero la esencia de todas ellas tienen un mensaje en común, que es practicar la distancia entre nuestro “yo” y nuestro ego. Para llegar al fin, que es potenciar esas virtudes.

Después de meditar

Una de mis prácticas con Xavier, mi maestro, fue la que me hizo darme cuenta del verdadero fin de meditar. La pauta de la práctica eran tres pasos a seguir durante la meditación.

  1. La primera es NO MEDITAR, ya que meditar puede ser una idea o pensamiento. Por lo tanto observa si aparece ese o cualquier pensamiento. Solamente queda “ESTAR”.
  2. La segunda pauta es NO PRODUZCAS, concentrándose más en percibir los espacios entre producciones mentales, acallar tu mente, y aquietar el ajetreo mental.
  3. Y la tercera NO TE APEGUES A NADA, deja pasar lo que venga, tanto si es alguna emoción, pensamiento, sensación o imagen.

A base de la práctica, vas dejando de identificarte tanto con tu ego, lo observas, y no le das tanto significado. Un texto sacado de mis enseñanzas con mi maestro decía:

“Cuando la meditación es completa, el pensamiento ya no trae ni
beneficio ni detrimento y la experiencia es como la de un ladrón que
entra en una casa vacía; entonces cualquier situación negativa que
surja ya no puede perturbarnos porque no tiene ningún efecto
sobre nosotros y así actuamos como niños mirando con asombro los murales de un templo.”

Y entonces me vino la gran pregunta. Si no estoy dándole tanta importancia a mi ego, y potencio simplemente el estar, ¿cuál es el fin de la meditación?

¿Qué viene después de meditar?

  • Mediante la práctica, y a medida que vamos identificando el ego, vamos potenciando aquello que habíamos perdido, con lo que intrínsecamente habíamos nacido; empatía, altruismo, comprensión, y el deseo del beneficio por el otro.
  • Dejamos de esperar recompensa por todos nuestros actos. Los actos que hacemos, los hacemos por nosotros mismos, por el simple hecho de hacerlos.
  • Fomentamos el agradecimiento de pequeñas cosas o actos.

Demasiada inconsciencia hay en el mundo, demasiado mirarnos solamente al ombligo, y siempre responsabilizar a lo externo de nuestra infelicidad. Esa felicidad buscada no está en el exterior, sino que está muy cerca de nosotros, en nuestros actos hechos con corazón. Haz algo por alguien de manera anónima, y experimenta qué sensaciones te ocurren. Déjatelo
entrar, quédatelo para ti y no se lo expliques a nadie. Si hay necesidad de explicarlo o que se enteren de tu acto, piensa que tu ego ya está apareciendo en escena, que quiere ser reconocido, o necesita ser amado. Encuentra el amor en ese acto altruista.

Artículo escrito por: Sergi Franch , terapeuta Gestalt .

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