Si alguna vez os habéis leído algo sobre los 9 caracteres neuróticos, asi muy resumido, son 9 maneras de esconder aquello que somos capaces de hacer desde nuestra esencia, desde nuestra manera más sabía y autentica. Nuestra inseguridad, falta de amor propio, miedos, etc, hace que no creamos en nuestras actitudes virtuosas y pensamos que no tenemos. Las tapamos por nuestra neura más frecuente. Y hacernos consciente de eso que tapa nuestra virtud, ayuda a potenciarla.

De los 9 caracteres neuróticos podríamos relacionar cada uno con una actitud virtuosa.

Coraje

El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado (Wikipedia)

El coraje es la virtud humana para combatir el miedo, y esta conlleva una sana presencia delante de nuestro miedo, la diferencia que veo respecto a la valentía, es que en el coraje hay una aceptación del miedo, una responsabilización de cómo afrontarlo, y confianza en uno mismo reconociendo sus límites. Reconocer tus miedos no es cobardía, es una manera de tener confianza en uno mismo, y saber que tienes la habilidad de enfrentarlo.

En cambio, la valentía la considero una ausencia de realidad, y una confianza a algo externo a nosotros, como por ejemplo al destino, la suerte etc. En la valentía puede estar la necesidad de demostrar algo que no eres, con una necesidad de reconocimiento externo. Si hago una cosa que supone un peligro para mí, sin reconocer mis límites, me verán como alguien valiente, algo que no soy.

Con la valentía negamos el miedo, con el coraje no. El miedo es algo necesario y no hay porque negarlo. Es la emoción que nos sitúa, si reconoces el miedo mediante el coraje, ponemos los pies en el suelo, reforzamos la fe en nosotros mismos, sabemos que podemos hacer y que no, aceptamos nuestros límites y estamos en paz con nosotros mismos.

Hay muchas ideas de que el miedo sólo es de personas débiles, pero es un acto de coraje y fuerza reconocerlo. Como decía un amigo mío «el cementerio está lleno de valientes».

Generosidad

Siguiendo con la relación de caracteres neuróticos y su manera de combatirlos, dedicaremos este artículo a la Avaricia y su antónimo.

La generosidad como virtud, está relacionada directamente con el desapego, el saber dejar. La avaricia nos hace creer que aquello que damos no lo tendremos para nosotros mismos, creyendo que nadie nos retornara aquello que hemos dado. Erich Fromm describe asi la avaricia:

«un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de satisfacer la necesidad, sin alcanzar nunca la satisfacción.»

El hecho de que nunca sacie, es por la desconfianza absoluta de que nunca le vuelva a uno mismo, y de no ser capaz de dárselo a sí mismo, que es el problema principal. Desapegarse de aquello que das, es tener la confianza absoluta de que no lo necesitas, confías en que lo tienes, y dar algo desde el amor incondicional es inagotable, nunca se acaba, sabes y confías ciegamente que lo tienes. Aunque se puede aplicar a lo material, quiero aclarar que estoy refiriéndome a una actitud.

El arte del desapego, es una manera de agradecerse a si mismo por el hecho del hecho. Confía que aquello que dejaste te volverá de una manera no esperada, sin ningún tipo de expectativa. Si esperas la recompensa, ya cierras las miles de opciones que te puedan venir, y seguramente te frustrarás, volviéndote un neurótico avaricioso. Si tan abierto estas al dar, tan abierto estarás al recibir.

En el momento que hacemos este acto, se despierta nuestro ego, buscando el reconocimiento por aquello que has dado o dejado. Por consiguiente ya no es un acto generoso, sino un acto de mercantilismo, y el amor ya no es incondicional, convirtiéndose en un acto de egoísmo.

Si nuestro ego se despierta en un acto que crees que es de generosidad, es que no estas preparado para dejar ir aquello, entonces hay algo no resuelto tuyo.

Por ejemplo: si das reconocimiento como un acto de generosidad, esperando que te reconozcan, no estas siendo generoso ni contigo. Antes de dar, pregúntate si te lo puedes dar a ti mismo ese reconocimiento, y si no estas preparado para dar, comienza a ser generoso contigo mismo.

Haz la prueba de hacer un acto generoso sin que nadie te mire, y agradécete a ti mismo ese acto.

Humildad

Cuantas veces hubieras bajado la cabeza y tu orgullo no te ha dejado?

El orgullo, que ciega y no deja ver mas allá de ti mismo, enganchado a una sobrevaloración, es tal vez de los mas difíciles de autoreconocerse. Hay que hacerlo desde la humildad, y simplemente dejando al otro su espacio, y por un momento no tenerse en cuenta, es muy difícil. Siempre me tengo que tener en cuenta, siempre hay que opinar, siempre hay que decir “que es lo que tienes que hacer”, porque como ejemplo, si no digo mi opinión ¿que función tengo? Como dice un texto taoísta:

«Cuanto más te muestres superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen, y vives en un mundo de tensión e ilusiones

Con el orgullo es imposible poder empatizar con nada ni nadie. La empatía es vaciarse de uno mismo y comprender al otro por muy involucrado que estén tus sentimientos. Y vaciarse de uno mismo es dejar de lado aquello nuestro que le hemos dado tanto significado. Nuestro orgullo que parece tan importante y pensamos que es tan significante para nosotros, solo puede provocar soledad. No deja ver al otro, es como el que espera a que el otro deje de hablar para tu opinar, no escuchar lo que ha dicho, y no tenerlo en cuenta, y así soltar tu discurso.

La definición de humildad es reconocer nuestras limitaciones para actuar en consecuencia. Estar más en la escucha, en la observación, en un silencio interno. Dicen que el silencio es como la Humildad, cuando empiezas a hablar de él, lo empiezas a perder.

Prueba de estar más en silencio, y hablar cuando sea realmente necesario, pensando lo que vas a decir antes de abrir la boca, así podrás ser más breve y preciso, sacado de un texto taoísta titulado la sabuduría del silencio interno. Según Gurdjieff en su 41 precepto dice que transformes tu orgullo en dignidad. Dejar de darte tanta importancia, confiando en uno mismo sin necesidad del orgullo. Confía en ti por el simple hecho de estar presente y invierte tu energía en ti, y no en la lucha de intentar aparentar algo que no eres.

Ecuanimidad

Nunca los extremos fueron buenos, la comparación, envidia y avaricia nos lleva a incrementar esos extremos que nos hace quedarnos en esas actitudes para toda una eternidad. Identificándonos con estas neuras nos convertimos en personas sufridoras, miserables, empobrecidas, que nos lleva a la autodesvaloración, tener una visión negativa de la vida, y apoyarse en tiempos pasados o futuros. Es como una bola de nieve que va haciéndose más grande, ya que siendo inconsciente de todo esto, nos lleva a sentirnos que somos especiales, que no tenemos remedio, y que mejor aislarse, o cosas peores. Si alguien nos reconoce y nos ayuda a ver un poco de la luminosidad propia, se crea una idealización y nos volvemos a negar, creyendo que no podemos vivir sin aquella persona o soporte exterior.

Según Buda “no tenses demasiado las cuerdas de tu citara, o se romperán, no las dejes demasiado flojas, o no producirán música. Procura dar con el término medio. La definición de ecuánime es igualdad y constancia de ánimo, e imparcialidad de juicio. Esto no significa que lo sano, es que nos tengamos que volver personas en que nada nos afecte, si no, que tratemos todo por un igual, respetándonos y sintiéndonos honestos con lo que sentimos, tanto en el éxito como en el fracaso o el dolor. Sin apegarnos a ninguno de los extremos. Todo tiene la importancia suficiente para darle espacio, pero si deja de estar equilibrada, y se comienza a decaer hacia uno de los lados, nuestra parte más oscura sabrá a que aferrarse. Estando en equilibrio, nuestro ego no sabe hacia donde ir.

Una persona Ecuánime con sus tres centros, cuerpo, emoción y mente, actúa en circunstancias difíciles y favorables, sin dejarse dominar por su ego, de una manera centrada y calmada, sin intentar controlar el resultado. Llora cuando tengas que estar triste y ríe cuando estés contento. No utilices ninguna de estas emociones para evitar la contraria, de esta manera no estando en ninguno de los dos extremos, encontraras felicidad y paz.

Intentar controlar la verdad externa basándonos en pasados o futuros, nos hace inseguros. Si aceptamos las cosas tal como vengan nos volvemos personas seguras.