En la sociedad de la sobreinformación en la que vivimos actualmente, el saber tiene un peso inconmensurable. Pero para saber, primero tenemos que aprender. Se nos plantea entonces el dilema de ¿el huevo o la gallina?; ¿qué fue primero? o en este caso, ¿qué es más importante: saber o aprender?

Adaptando la premisa, podríamos decir que hoy día prima el “tanto sabes, tanto vales”. ¿Pero es el saber una acumulación mecánica de información y datos, o; un proceso en el que todo nuestro ser (cuerpo y mente) participa en ello?

Partiendo de la base de que el saber es algo infinito y por tanto inabarcable en su totalidad, me atrevo a decir que es más importante el aprender. El proceso de asimilación de toda esa información vale más que la información en sí, porque no podemos saberlo todo pero si aprender bien todo lo que sabemos.

No es importante saber en sí, sino que ese saber se vaya actualizando, sea continuo. Somos seres cambiantes. A lo largo de nuestra vida adquirimos diferentes aprendizajes y nos son válidos para cada momento unos saberes u otros. Si nos estancamos con algo que aprendimos en un momento dado y pretendemos aplicarlo para los restos, seguro que se nos queda corto ese saber.

Por otro lado, depender únicamente de lo que ya sabemos hace que nuestra validez, socialmente hablando, pierda vigencia y por ende se deprecie. El único remedio para esta “enfermedad” es aprender y mantener viva la pasión por descubrir y vivir.

Con todo ésto, no digo que saber no sea importante; tener conocimientos aquí y ahora, en el presente, nos aporta muchos beneficios. Pero si ponemos la vista en un futuro más a largo plazo, resulta evidente que si nos quedamos simplemente con lo que ya sabemos, no hay evolución y como bien dice el refrán: Renovarse o morir.

Ejemplos de ésto podemos encontrar en cualquier ámbito. En la mayoría de las profesiones y cada vez más, vemos que es indispensable hacer cursos de reciclaje de nuestros conocimientos. Queremos y necesitamos saber más. Ya sea en una peluquería, un informático, un profesor o en el campo de la medicina. Nuestra sociedad evoluciona a pasos agigantados y si no entramos en esa misma rueda, nos quedamos atrás.

Pero ¿nos vale con escuchar y repetir como loros toda esta información nueva?¿Se premia más la capacidad de reproducción que la asimilación y digestión de conceptos? ¿Por qué podría ser más importante aprender que saber? Se me ocurren varias razones de peso para esta última cuestión pero las más importantes y en las que me centro en este artículo son que no existe un conocimiento sin un aprendizaje previo y que el conocimiento en sí, es caduco.

Si nos limitamos a reproducir una información anteriormente escuchada es un indicativo de que, sí, tenemos buena memoria retentiva. Pero, plantearos: ¿qué pasaría si tenemos un problema y ante él, nos limitamos a hacer lo que otros nos han dicho sin pensar en las repercusiones (o implicaciones) que eso puede tener en nuestras vidas? Cuando realmente queremos superar un problema y aprender de él es necesaria una motivación, un sacrificio, y tiempo para probar y asimilar por que; volviendo a los refranes; de los errores se aprende.

Si nos encontramos con un problema y a la primera lo conseguimos solucionar, seguro que nos sentiremos muy aliviados y contentos. Pero, ¿habremos asimilado cuál es la mejor vía para solucionar este problema la próxima vez que nos pueda ocurrir? Por el contrario, si tenemos cualquier impedimento y tenemos que insistir más de una vez al ensayo-error para ponerle remedio, tened por seguro que para la próxima vez que nos ocurra, nos habrá quedado claro cómo afrontarlo. En este segundo caso el aprendizaje se hace desde todo nuestro ser y de manera consciente. De esta manera el aprendizaje nos lleva a una correcta gestión de nuestro conocimiento y muy posiblemente, la siguiente vez que una situación similar se nos plantee, ya no supondrá un problema si no una tarea más que solo nos demandará un tiempo de resolución X.

Como ya he comentado antes, el saber es algo íntimamente relacionado con el presente. Así podemos decir que es algo temporal. Pero el aprendizaje abarca toda nuestra vida ya que por un lado; es todo lo que has tenido que hacer para llegar al punto en el que estás ahora. Y por otro lado es algo que vas a seguir necesitando hacer toda tu vida.

Como bien dijo Mario Benedetti,

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”.

Pero, ¿por qué pese a todo lo que acabamos de hablar, seguimos dando más importancia al saber que al aprender? Aprender supone un esfuerzo como ya hemos dicho y en la sociedad veloz en la que vivimos, la pereza impera.

Queremos las cosas ya y sin mucho esfuerzo y por eso queremos disfrutar de los beneficios que supone el saber sin hacer el trabajo de aprender.

Después de todo lo hablado, ¿Cuál diríais vosotros que es el mejor?

Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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