Cuando hablamos de sexualidad parece que generalmente entendemos que ésta, tiene una caducidad y que a partir de cierta edad ya no tiene cabida. Pero nada más lejos de la realidad.

Imaginarnos a otras personas y su sexualidad siempre ha sido un tema un tanto difícil de manejar, pero más aún si contamos que esas personas tengan “cierta edad” como es el caso de la gente mayor de 50 años. Y es que parece que, si la sexualidad es un tema tabú en sí, cuando nos referimos a ella y la relacionamos con gente como nuestros padres o abuelos, se vuelve impensable.

Siento ser yo la que os diga que sí, que nuestros padres y abuelos también follan. Y no solo a follar nos referimos cuando hablamos de sexualidad, también entran en juego los anhelos, los deseos, el cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los otros y un montón de conceptos más.

Nos guste o no, somos seres sexuados y por ende, la sexualidad forma parte intrínseca de nuestras vidas.

Tenemos integrada la idea de que los cuerpos evolucionan, pero no tanto que las relaciones o la sexualidad también.

Os sorprendería lo habituales que son, entre gente de a partir de los 50, preguntas como: ¿Cómo puedo recuperar la chispa en mi relación? Esto se debe en gran parte a la falta de educación sexual que arrastramos porque en realidad, no deberíamos de recuperar nada sino mantener a lo largo del tiempo, pero esta pregunta me lleva a otra: ¿qué entendemos por chispa?

Y es que parece que reducimos nuestra sexualidad, esa chispa, a la cantidad de veces que tenemos encuentros sexuales. O esto es lo que podemos ver en más de una ocasión en consulta.

Otro de los grandes temas es si las inseguridades, la satisfacción o la confianza en cuanto al sexo se refiere, es algo que tenga que ver con la edad. Pues bien, ninguno de estos tres conceptos va ligado a la edad, es decir, ni conforme envejecemos se acentúan ni menguan aunque muchas veces se relacionen con la edad por otros motivos que en realidad tienen más que ver con la madurez emocional que con los años que vamos cumpliendo. De hecho, tienen mucho más que ver con un tema de autoestima.

Hay varias cosas clave cuando hablamos de autoestima:

1. Autoconocimiento:

Conocer nuestras fortalezas, habilidades, emociones y necesidades. Entender por qué actuamos como lo hacemos.

2. Autoconcepto:

Lo que pensamos y creemos de nosotros mismos.

3. Autoevaluación:

Evaluar nuestra forma de ser y actuar valorando si es enriquecedora y satisfactoria o no.

4. Autoaceptación:

Admitir y reconocer lo que somos, tratando de mejorar en aquello que nos gustaría cambiar.

5. Autorrespeto:

Atender y satisfacer las necesidades propias así como los valores siendo asertivos y gestionando nuestras emociones y sentimientos

6. Autoestima:

Valoración de lo que pensamos de nosotros, sentimos y la forma de actuar en sintonía con lo anterior.

Si sumamos y profundizamos en todos estos “autos”, trabajaremos nuestras inseguridades reduciéndolas y por ende, muy probablemente crecerá nuestra confianza y nuestro nivel de satisfacción a todos los niveles.

Muchas veces, como decía antes, damos por sentado que la seguridad y la confianza en uno mismo se ganan con la edad, pero cada momento de nuestras vidas tiene nuevos retos y circunstancias desconocidas y dependerá de la madurez emocional que tengamos, de lo que nos haya tocado vivir y de lo que hayamos aprendido de ello el hecho de cómo lo afrontemos.

Hay temas que sí tienen algo más que ver con la edad como es por ejemplo el caso de la lubricación tras la menopausia o los problemas de erección, y pese a que para ambos, existen muchas y diversas soluciones, no se deben de mezclar con la falta o la disminución de deseo, ya que esos, son otros temas que en todo caso deberán ser tratados en consulta y con una profesional de la sexología.

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Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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