Hay un tema que es bastante recurrente tanto en conversaciones que he tenido con amigas como con gente que viene a terapia. Y la pregunta siempre es la misma: si lo veo ¿“normal”?.

Después de advertir la preocupación que genera, he pensado que sería bueno escribir sobre ello. El mundo de las fantasías sexuales genera mucha controversia de por sí y es que, entre otras cosas, a veces se nos hace difícil discernir entre fantasía y deseo.

Fantasear con algo no siempre tiene que significar que deseemos llevar a cabo ese algo y en muchos momentos, las fantasías acuden a nosotros en situaciones inesperadas.

En ocasiones, incluso mientras practicamos sexo, la imaginación se nos va a otros lares. Nos descubrimos fantaseando con otras personas que no son con las que estamos en ese momento o con otras circunstancias que no son las actuales. O incluso alguna vez, por lo que sea nos cuesta llegar al orgasmo y recurrir a esos recuerdos puede darnos un empujoncito. Eso NO ESTÁ MAL.

Quiero aclarar que en ningún caso me refiero a una práctica habitual; ya que entonces, sí que me plantearía la posibilidad de que exista un problema. Está claro que si en uno de esos momentos recurrimos a los recuerdos o las fantasías, uno de los posibles motivos sea que sentimos que nos está faltando “algo” y eso nos hace sentirnos mal o culpables para con la otra persona; pero hoy vengo a calmar esos sentimientos de culpabilidad.

El hecho de fantasear o recordar, no significa que quieras menos o te sientas menos atraída por tu pareja sexual; la fantasía es algo inherente del ser humano, la culpa es inculcada.

A veces la monotonía, a veces la falta de confianza, diálogo con la pareja y otras veces la vergüenza entre otros, pueden ser motivos suficientes para que nuestra imaginación vaya por libre. Y es que como ya sabemos, nuestro órgano sexual más potente es nuestro cerebro.

Vivimos en una sociedad eminentemente monógama. Por suerte en los tiempos que corren cada vez tenemos más información sobre otros tipos de amor y de relaciones que nada o poco tienen que ver con ello. Esa monogamia no solo la aplicamos a las relaciones, sino que por ello, confundimos el fantasear con otro modo de ser infiel y nada más lejos.

A diario fantaseamos con millones de cosas random como un trabajo mejor, la ausencia de él, tener ingresos millonarios en el banco, viajar por el mundo o cambiar rasgos de nuestro aspecto y no nos culpabilizamos por ello porque sabemos que es algo que está en nuestra mente solo. Así que mi pregunta es; ¿Por qué sí lo hacemos cuando se trata de temas sexuales? ¿Por qué sigue tan estigmatizado el tema incluso cuando se queda en nuestras mentes?

Entiendo que en el preciso momento del sexo, la cosa se ponga más fea
básicamente porque estás con la otra persona frente a frente y puedes sentir que estás escondiendo algo y eso no es agradable, pero ¿qué haces, paras y lo cuentas o te dejas llevar? Yo siempre abogo por la comunicación en general, y diría que tampoco hay ninguna maldad ni intención de herir en contárselo luego a tu pareja si te apetece a modo anécdota, pero eso ya es cosa de cada uno y depende del nivel de comunicación entre vosotros. Pero sobre todo, si no te sientes cómodo contándolo, no hay necesidad de hacerlo.

Arrastramos una culpabilidad enorme con las fantasías y eso nos capa y nos hace sentirnos mal con nosotros mismos impidiéndonos ser tal cual somos y aceptar todas nuestras facetas.

Que sueñes con algo, que tengas fantasías o te imagines haciendo depende de qué cosas, no te convierte en peor ni mejor persona y mucho menos quiere decir que las vayas a acabar haciendo realidad en la mayoría de los casos.

No considero buena, ni sana ni intrínseca al ser humano tanta culpabilidad cuando en ese momento, no puedes evitar la mayoría de veces que aparezcan esos pensamientos.

Creemos que fantasear es malo, ya que como sociedad, tenemos el sexo
demasiado ligado con el amor y la exclusividad.

Ojo que no digo que la exclusividad sea mala, es una opción tan válida como cualquier otra si la eliges por voluntad propia, pero el concepto de monogamia tal y como se entiende socialmente, a mi parecer, nos induce de alguna manera a que nos sintamos mal por fantasear, ya que vemos ese acto como una traición.

¿Hasta dónde llegan los límites? El hecho de tirar de esa fantasía o recuerdos es la mayoría de veces involuntario. ¿Es o debería ser un motivo de celos el saber que tu pareja fantasea y posiblemente no sea contigo?

A mi parecer, el tema de la fidelidad a la pareja que tan asimilado socialmente tenemos, es lo que más fomenta la culpa. La fidelidad es necesaria, pero cada pareja debe decidir conjuntamente a qué aspectos necesitan ser fieles y cuáles no pesan tanto para ellos.

¿Creéis que la monogamia o mejor dicho, el juicio moral que creamos en torno a ella, debería ser algo asociado al pensamiento?

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Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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