En estos tiempos que nos está tocando vivir, una de las primeras cosas que salta a la vista es que nuestras necesidades están cambiando. Aquello que creíamos primordial ya no lo es tanto. En cambio, otras cosas que no suelen pasarse por nuestra mente, nos están apremiando como básicas. Una de estas cosas es sin duda la necesidad de convivir con la soledad y por consiguiente, con nosotros mismos.

Siempre ha sido importante conectar con aquello que genera bienestar en nuestra vida, pero hoy es de vital importancia, ya que el confinamiento que vivimos pone a prueba nuestras habilidades psíquicas y emocionales para salir enteros de esta.

Hablando en grupos estos días, me parece interesante la reflexión que estoy viendo en muchas personas. Nos damos cuenta de que en el transcurrir de los días, en la cotidianidad en la que nos vemos sumidos, no nos hacemos falta. Está todo tan automatizado que no hay que pensar mucho. Y es cuando acabamos todas las obligaciones, las tareas pendientes cuando somos conscientes de nosotros; en la mayoría de casos, esta es una situación aterradora.

Como decía, hablando en grupos de WhatsApp (que parecen ser los nuevos bares), varias personas han comentado con aire preocupado que este miedo ya les acudía antes del confinamiento; a la que llegaban a casa al caer el día. Coincidiendo con el fin de la jornada, del trabajo y de las tareas y obligaciones autoimpuestas. Ahora les pasa todo el día. ¿Qué pasaba en ese momento? ¿Qué lógica tiene que ahora les pase durante todo el día?

Necesidad de convivir con la soledad

La respuesta es fácil: al acabar con todas las tareas diarias con las que no tenemos que pensar mucho si no actuar, llega el vacío, la soledad, el contacto con nosotros mismos. ¿Y ahora que tenemos todo el tiempo del mundo qué? Nos han enseñado cómo comportarnos. Nos han enseñado cómo se supone que debemos interactuar con el resto del mundo sin ser groseros ni antisociales. Pero, no nos han enseñado cómo relacionarnos con nosotros mismos, ni con la soledad o el silencio.

¿Por qué nos da tanto miedo la soledad o el silencio? Como dice
Murakami:

La soledad es la mejor vía al conocimiento

En más de una novela de Murakami, el protagonista emprende un viaje en solitario para escapar de la confusión vital. Este viaje en solitario le permite al protagonista conocer aspectos de sí mismo que desconocía. Ya que sin la protección de la presencia de los demás o de las obligaciones, el encuentro con uno mismo es inevitable.

Pero este encuentro nos da miedo porque siempre hay cosas de nosotros que preferimos no ver por no tener que admitir que nos pertenecen. Mostrar nuestra parte noble o buena siempre es agradable, pero ¿qué pasa con esas partes de nosotros que no nos gustan tanto? ¿qué pasa si salen a la luz esas cosas que, aunque en el fondo sepamos, no estamos dispuestos o no sabemos cómo afrontar? Cuando nos quedamos en soledad con nosotros mismos tenemos que enfrentar esa oscuridad que está repleta de miedos, de inseguridades, de comportamientos aprehendidos pero no razonados.
Y ponerlos en orden. O en algunos casos incluso deconstruirlos para volver a cimentar con nuevas ideas o herramientas que nos sean más válidas en nuestro aquí y ahora.

Pero la buena noticia es que TODOS tenemos esta parte (mal de muchos, consuelo de tontos). Aunque tengamos la tendencia de creer que es algo que solo nos pasa a nosotros de manera única y excepcional. Lo que realmente marca la diferencia es qué hacemos con todo ello. Si le giramos la cara y lo obviamos como si no existiera, o si por el contrario, nos arremangamos y nos ponemos manos a la obra con todo ello asumiendo que: somos un todo hecho, no solo de luz y virtudes, sino también de oscuridad y miedos.

Tener miedo es humano. Pero también lo es asumir que el miedo no va a desaparecer y asumirlo como una de nuestras vulnerabilidades.

Porque sorprendentemente, cuando asumimos que también somos vulnerables, de ahí solemos sacar fuerza para empoderarnos y querernos un poco más. Aceptar que una cualidad que no nos agrada en exceso forma parte de nosotros, nos da paz porque ya no estamos en su contra, ya no es una enemiga contra la que pelear para no dejar entrar. Porque ya está dentro.

Y vosotros, ¿cómo lleváis el encuentro con la soledad?

Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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