Carnaval

Es la fiesta del año donde tenemos la oportunidad de ponernos máscaras. Así podemos quitarnos las que llevamos el resto del año, aunque sea de forma inconsciente. Es curioso como el hecho de disfrazarnos o ponernos una máscara nos libera de muchas cargas. También de muchos impedimentos que nos ponemos socialmente para encajar o agradar a los demás. Nos sentimos así más libres para ser nosotros y poder hacer cosas que no haríamos el resto del tiempo por el miedo al qué dirán. Y no deja de ser una ilusión, un auto-convencimiento o un permiso que nos damos para soltar las riendas por un día.

Y en Carnaval sí que nos damos cuenta de ese quita-y-pon de máscaras. Pero de aquello que no nos damos cuenta es que el resto del año vivimos y nos comportamos también bajo una máscara. Un personaje, que dirige nuestra vida. Ésta está tan bien elaborada que nos acompaña desde muy temprana edad. Somos los primeros engañados por ella y nos la creemos al pie de la letra. Es decir, no solo nos ponemos la máscara con los demás, sino que también y en primer lugar, nos engañamos a nosotros mismos.

El personaje y su respectiva máscara se forja durante nuestra infancia y adolescencia de forma totalmente inconsciente. Y es que todos en mayor o menor medida, adoptamos comportamientos neuróticos con distintos matices para que los demás vean lo que queremos; o por el contrario, que la gente deje de ver aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

Estas máscaras actúan (cuando somos niños o adolescentes) como protección inconsciente. Nos permiten crecer y avanzar en un mundo que muchas veces no comprendemos o nos es incluso hostil. Pero no es normalmente hasta que ya somos adultos, que podemos empezar a ser conscientes de este personaje o máscara y hacernos responsables de ello.

Si somos capaces de observar claramente qué personaje estamos interpretando podremos empezar a trabajar en él en pos de nuestro crecimiento y evolución personal. 

Esta máscara pero, tiene doble filo ya que por un lado nos protege durante un tiempo de alguna situación que para nosotros ha resultado traumática y nos ha servido de defensa para sobrevivir, y por otro lado, una vez pasada esta fase, nos impide ser como realmente somos ya qué nos escondemos detrás de ella.

Desde pequeños y a medida que vamos creciendo, una de las cosas de las que por desgracia nos hacemos conscientes es que la idea de atrevernos a ser nosotros en esencia, no siempre es bien aceptada por el resto de la sociedad o la gente de nuestro entorno y más a menudo de lo que debería ser, renunciamos a esa idea por el mero hecho de encajar. Es ahí cuando nace la necesidad de usar las máscaras, ya que éstas, nos protegen del miedo que sentimos.

Uno de los trabajos de autoconocimiento y amor propio más importantes que podemos llevar a cabo en nuestra vida es tratar de reapropiarnos de los aspectos de nuestra vida que han quedado escondidos tras la máscara para así acercarnos y mostrarnos más como la persona que realmente somos y a su vez identificarnos cada vez menos con el personaje tras la máscara. Llegar a este punto nos puede dar bastante miedo ya que se trata de salir totalmente de nuestra zona de confort y nos puede parecer que quitarnos la máscara nos va a volver seres frágiles o vulnerables pero se trata exactamente de lo opuesto. Reposeer nuestras vulnerabilidades nos empodera y nos hace fuertes.

Hay diversos modos de trabajar este tema como por ejemplo trabajar a través del lenguaje teatral, el cual nos ayuda a poner en un lugar creativo y externo toda esa sombra que nos pesa para poder actuarla y aceptarla. En cada uno de los métodos existentes, podemos ver varias premisas comunes que son indispensables:

– Escucharnos a nosotros y nuestras necesidades.

Solemos vivir con el piloto automático ignorando muchas de nuestras necesidades por falta de consciencia o por comodidad. Decidir prestarnos atención y poder quitarnos esa máscara es producto de un proceso de autoconocimiento y reflexión.

– Una vez que iniciamos este camino, nuestra manera de percibir todo lo que nos rodea cambia.

Lo primero que debemos saber es que este no va a ser un camino llano. Necesitamos encarar el conflicto con nuestro personaje; afrontar la crisis que supone la ruptura con el personaje para ir hacia donde queremos abandonando estos comportamientos tan arraigados

– Es importante tener en cuenta que ante el personaje tenemos dos opciones:

Alimentarlo y seguir viviendo a su sombra, o; abrazar lo que consideremos nuestras vulnerabilidades y empoderarnos con ellas para así ir deshaciendo las corazas que nos hemos puesto. Ser conscientes de esa máscara nos permitirá ver con más facilidad cuando la usamos y cuando no.

– En un principio nos podemos sentir desprotegidos o angustiados de mostrarnos sin esa máscara.

Eso nos puede dar miedo pero es importante empezar con pequeños gestos y dejar que nos llenen las consecuencias positivas que obtenemos de mostrarnos como somos. Es muy necesario saber ponerse y quitarse la máscara y cuando hacerlo para ser consecuente con nuestras necesidades tanto afectivas como físicas. Ser más auténtico también es entrar en contacto con nuestras neurosis, reconocerlas, observarlas y hacernos cargo de ellas.

Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

¿no sabes que necesitas en tu vida para sentirte mejor?

Sabemos como ayudarte, primera sesión gratis,  clica aqui