Blue Monday ¿qué quiere decir eso? La traducción literal sería “Lunes Azul”  y no es otra cosa que el nombre dado al tercer lunes de enero, presentado como el día más deprimente del año. Este concepto fue publicado por primera vez hace 15 años y surgió a raíz de una campaña publicitaria de una agencia de viajes, que aseguró haber calculado dicha fecha, usando una ecuación creada por el psicólogo Cliff Arnall.

Vamos a desglosarla un poco:

Clima

W → se refiere al factor climático. Evidentemente este factor no solo varía por la época del año sino que también depende de la parte del mundo en la que vivamos. Pero supuestamente se aplicaría al hemisferio norte que se encuentra en estos momentos en pleno invierno.

Deudas

D → hace referencia a las deudas adquiridas durante las fiestas. Una vez más, nos estamos refiriendo a todas aquellas personas que celebran las navidades y con ellas, se acaban comprando una cantidad inusitada de cosas, así como los regalos o la sobreinversión que se hace en comidas copiosas.

Dinero

d → esto es el dinero que cobraremos a final de mes, es decir, la nómina o los ingresos que tengamos mensuales cada uno.

Después de Navidad

T → este ítem hace referencia a los días transcurridos desde la festividad de Navidad

Propósitos de año nuevo

I → se refiere al período desde el último intento fallido de dejar un mal hábito, como puede ser dejar de fumar, o comenzar un nuevo desafío.

Motivaciones

M → serían las motivaciones que nos quedan en perspectiva a corto plazo.

Cambiar

NA → es la necesidad que nos surge de actuar en pos de cambiar las cosas que no nos gustan o que menos nos agradan de nuestra vida.

Está claro que esto es un poco subjetivo y que al final, fue una estrategia publicitaria para alegar que viajar siempre nos suele hacer más felices, así que deberíamos viajar más. Pero a mí me sirve como reflexión propia para pensar tanto en la necesidad que tenemos como sociedad de cuidarnos, autoconocernos un poco más para ser más conscientes, gestionar mejor nuestras emociones y problemas; y también por ende, me lleva a pensar en todo el estigma que rodea a la idea de acudir a terapia.
Es por eso que me he aventurado a hacer un recogido de las 5 frases que más solemos oír cuando vas a terapia.

¡Ah, es que yo no creo en esas cosas!

Y es que sí, aunque parezca mentira, aún hay mucha gente que sigue pensando que la terapia es una especie de brujería que tiene más que ver con el mundo esotérico que con la salud mental y la gestión de las emociones. Se ve al terapeuta como una especie de adivino o pitoniso de tres al cuarto que hace uso de la adivinación para decirnos que hacer con nuestra vida. Y es que tristemente hay mucho estigma aún con la “falta de ciencia” en cuanto al trato de nuestros comportamientos, y más si no hay
medicamentos de por medio.

¿Tan mal estas?

Aquí entramos en el maravilloso mundo de la patologización. Tendemos a pensar que uno tiene que estar fatal de los fatales para tener que acudir a una terapia, que no puede ser que simplemente sea un tema que nos preocupe lo suficiente como para acudir y aprender a manejar las herramientas de las que todos disponemos y llevar un poco mejor nuestro día a día y nuestras relaciones. Es triste pero cierto que en general, no nos han enseñado nada de gestión emocional e ir a terapia puede ser
un buen modo de aprender.

¿Pero eso es solo para los locos no?

¡Ésta es una de mis preferidas! Tenemos como sociedad un concepto muy nocivo de la terapia y es que creemos que aquellos que van a terapia es porque están locos o tienen algún tipo de disfuncionalidad; pero digo yo, ¿que es ser funcional? En nuestro día a día todos tenemos problemas y nos enfrentamos a situaciones que nos son más o menos difíciles de gestionar. Hemos sido enseñados que debemos de hacernos cargo nosotros solos de todos esos problemas porque, como personas adultas debemos ser “capaces” de resolver todos nuestros problemas. Pero es una absurdidad como un piano y un pensamiento muy “capacitista” ya que todos necesitamos en un momento dado, de una mano amiga para salir adelante, o de alguien que nos haga ver la situación que estamos viviendo desde fuera para ver que también hay otras opciones.

¡Eso es un engañabobos para sacarte el dinero!

La famosa excusa económica para evitar hacernos cargo de lo que nos preocupa. Sobretodo en países como el nuestro en los que contamos con una sanidad gratuita, tener que pagar por algún tipo de servicio que nos haga bien, parece ser un suplicio.

Al igual que si nos duele la espalda deberíamos ir al fisioterapeuta, o cuando tenemos problemas en los juanetes acudimos al podólogo, lo mismo pasa con cualquier cuestión que sea más mental o emocional. Deberíamos acudir a terapia sea del tipo que sea. Pero mientras que no nos suele doler tanto gastarnos el dinero en subscribirnos a Netflix o en comprarnos mil cosas, cuando viene a referirse a invertir en salud mental, nos salen todos los reparos.

¿Y de verdad eso te sirve para algo?

¡Pues sí! Todos necesitamos un espacio tranquilo y seguro para dedicarnos a nosotros mismos, un lugar donde ser escuchados y alguien que nos pueda acompañar y hacernos ver esas cosas que muchas veces solos no podemos o nos cuesta más ver. Pero somos muy reticentes a pensar que “un desconocido” nos pueda ayudar en ese sentido porque “solo nosotros estamos dentro de nuestra cabeza y lo que nos pasa a nosotros no le pasa a nadie más”. Está claro que las vivencias de cada uno son propias pero al final todos nos encallamos en cosas similares y aunque los motivos
que puedan impulsar esos problemas y las personas implicadas difieran mucho, al final no somos tan diferentes unos de otros y compartir y ver que no estamos solos, nos ayuda a “desmagnificar” los problemas.

Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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