La palabra No a primera vista, nos puede resultar muy fácil de decir, los fonemas que la componen,  el hecho de que en muchos idiomas se use el mismo término con el mismo significado; puede favorecer su  correcta pronunciación. Pero a la hora de la verdad es una palabra que nos resulta a muchos harto complicada de verbalizar para con los demás por la connotación que tiene.

 Desde pequeñitos, nos han enseñado a que decir no y a que sí. Nos han creado una consciencia colectiva sobre lo que se supone que está bien y que está mal, al margen de la valoración propia.

 Aprendemos cuando resulta rudo negarse a algo y como para agradar a los demás, decimos sí a sus demandas (aunque esto signifique en algunos casos decir no a las nuestras); y como este par de letras juntas nos abre puertas en la vida. Crecemos pensando que el amor o el aprecio  que recibamos de los otros, dependerá en gran medida de lo que hagamos por ellos, de lo que estemos dispuestos a dar y no de nuestra persona en sí. Y en este vano intento de agradar, nos perdemos de nosotros mismos.

 No sabemos convivir con el descontento ajeno y necesitamos su aprobación para estar bien. Darnos cuenta de ello es el primer paso pero es muy posible que al hacerlo nos plantemos ante un sentimiento ambiguo; por un lado darnos cuenta de lo que está pasando y ser consciente de ello nos pone contentos por el hecho de haber visto el problema, pero a la vez, tendemos a fustigarnos  por sentir que somos o hemos sido un desastre en nuestro modo de hacer hasta el momento. Si dejamos la vena victimista de lado, veremos que no es cuestión de ser o no desastre; si no de cómo nos tratamos a nosotros mismos, que creemos que merecemos y como nos hablamos y cuidamos.  

El lenguaje que usamos y cómo transmitimos nuestros pensamientos e ideas es algo a lo que la mayoría de nosotros no le prestamos ninguna atención; y mucho menos a la repercusión que puede tener éste en nuestras vidas o nuestra persona. Cada vez que somos ambiguos en una respuesta por el miedo a decir no, o que simplemente accedemos a algo aunque no lo queramos realmente, estamos perdiendo un poco de control sobre nuestras vidas al no apostar por lo que queremos; al no marcar unos límites.

Tendemos a pensar que negarnos a algo que nos pidan los demás es un signo de egoísmo o de ser mala persona pero nada más lejos de la realidad ya que saber decir no a tiempo nos quitará de caer en posibles chantajes emocionales, en manipulaciones o situaciones que nos hagan sentir incómodos y nos hará sentir más seguros de nuestras convicciones y así de paso nos sentiremos reforzados y más  contentos al ser consecuentes con nuestras necesidades.

Todo esto no quiere decir evidentemente que debamos llevar el no por bandera y que nos neguemos de base a cualquier cosa que nos pidan ya que es tan malo decir siempre no como decir siempre sí; se trata de encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades y las de nuestro entorno y la gente que nos rodea.

Saber decir “no” cuando realmente no queremos, no nos apetece o no nos conviene algo tiene un nombre: asertividad, y ésta, tendrá una importante repercusión en la seguridad  en uno mismo ya que cuanto más asertivos seamos, más nos estaremos respetando y más seremos conscientes de lo que queremos y necesitamos  y por consiguiente más nos lo daremos o procuraremos conseguirlo.

Comunicar de forma asertiva consiste también en expresar nuestros deseos y necesidades sin ambigüedades, es decir, sin adornos y sin necesidad de andarnos con rodeos pero siempre desde un tono amable y respetuoso  ya que partimos de la base que  nuestros deseos y necesidades son igual de importantes que los de los demás y no se trata de que nadie salga herido o lastimado de la situación si no  de  encontrar lo que llamaríamos “el mal menor” o una solución afín para todos.

Si nos  olvidamos de nosotros, si nos dejamos en un segundo lugar o tercero o cuarto en pos de los demás; si no nos cuidamos y no nos encargamos de estar bien y de poner límites, cómo lo van a hacer los demás si ni siquiera saben de la existencia de nuestras necesidades?

Artículo escrito por:Yaiza Morales , terapeuta gestalt .

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