Mi maestro de meditación, me enseñó un ejercicio para calmar la mente que hoy me merece especial mención. Decía que practicar este ejercicio era la manera de matar un poco al ego. El ejercicio consiste en prestar atención durante la meditación al espacio existente entre la exhalación y la inhalación; incluso si es posible, tratar de sostener ese espacio durante unos instantes y apoyarnos en ese vacío.


Explicaba que ese ejercicio era una pequeña simulación de lo que le pasa a la gente cuando muere; cuando al dar el último suspiro, se vacía del todo y de todo.


A partir de esa explicación, comprendí que el objetivo de la meditación para mi no es conseguir encontrar calma mental, o no pensar en nada, u observar mis proyecciones mentales; si no que todo esto, es una transición para poder estar vacío de ego, y así conectar con mi esencia humana, con una actitud compasiva y comprensiva y lograr contactar con el abanico de virtudes humanas que me conforman.


Por lo tanto entiendo que teóricamente y desde este enfoque ( y digo teóricamente porque nunca he estado muerto), una persona cuando se muere, podría estar haciendo una de las mejores y más auténticas meditaciones que jamás ha hecho en su vida, bueno, en su muerte.
¿Sería ese el mayor desapego que jamás podamos hacer? Desapego de todo, del ego, del cuerpo, de todo lo que nos mantiene anclados a este mundo. Para aquellos que piensen que hay algo después de la muerte, lo único que quedará entonces es aquello que llamamos conciencia, el observador omnipresente de nuestras proyecciones mentales al meditar del que hablaba antes.


Por lo tanto mi conclusión sobre toda esta paja mental, basándome en el dicho de » “La materia no se crea ni se destruye solo se transforma” es que lo único que quedaría es una energía que antes fue conciencia.
A ver si los de Matrix tenían razón!


No creo que hayan fantasmas ni espíritus merodeando a nuestro alrededor. Esos muertos que se desapegaron de todo lo que concierne a lo terrenal, estarán digo yo volviendo a los orígenes de dónde venimos. Volviendo a ese polvo de estrellas del que estamos hechos, o esa luz al final del túnel donde están todos los personajes de Lost.


Si son pura conciencia y ser consciente es estar más conectado al amor incondicional, no creo que estén por aquí entreteniéndose en apagar luces, cerrando puertas o abriendo los cajones de la cocina como los pintan en las películas de miedo.


Los fantasmas y espíritus con los que convivimos, tal como yo lo veo, son realmente creaciones de nuestro ego. Somos nosotros mismos que por no olvidarnos de los que ya no están, los mantenemos apegados a nosotros aunque nos de miedo; porque nos da esperanza de que hay algo más después de la vida.
Creo que sería mejor dejar en paz a los muertos e intentar llevarnos bien con los vivos, tratar de entendernos cada uno y a nuestros semejantes y no armar tanto jaleo. Feliz día de Halloween

Artículo escrito por: Sergi Franch , terapeuta gestalt .

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