Un aspecto importante en los procesos de maternidad es el papel que juega tu entorno cuando decides ser madre. Cuando me refiero al “entorno” estoy mirando a la familia, pareja, amigos y todo aquel que forme parte de tu vida, con el que tengas una relación estrecha o no.

En la cultura en la que vivimos, por norma general, un embarazo es motivo de alegría. Aún existe la idea de que decides quedarte embarazada, lo consigues, el embarazo va a ser perfecto y lleno de alegría, vas a tener a tu bebé, le vas a dar el pecho y ya. Pues no. Pueden surgir muchas adversidades en el camino que como madre vas a tener que sobrellevar. La cuestión es: ante estas adversidades y decisiones, ¿nos sentimos acompañadas, entendidas por nuestro entorno? Siento decir, que para mí, la respuesta es no. Y para ello, lo ejemplificaré con algunos momentos importantes en el proceso de embarazo:

LA CONCEPCIÓN

Sientes que ha llegado el momento de quedarte embarazada y lo intentas. Y, de hecho, puede ser que ya lleves tiempo intentándolo pero no es posible. En tu cabeza puede que aparezcan ya mil historias que empiezan a hacer que pierdas la confianza, que te preocupe este momento. Y lo peor, empiezas a viajar al futuro en el que piensas que no vas a poder ser madre. Normalmente es algo que se lleva en silencio.

Y llegan las reuniones familiares, la conversación con tu madre o con quien tienes más confianza. En este caso, si ya hace un tiempo que te has casado o vives en pareja, el comentario está servido: “Y el niño ¿para cuándo?”, “que se te va a pasar el arroz, como tardes mucho…”. No se te ocurra jamás decir que lo estás intentando porque la frase estrella es “a ti lo que te pasa es que estás tensa y estresada. Estás obsesionada con el tema. Mientras menos pienses, antes llegará mujer…¡relájate!”.

Nadie sabe el momento en el que te encuentras y estas “frases populares” no ayudan. Te hacen sentir más insegura, te pueden hace creer que es verdad que estás estresada y obsesionada lo que nos lleva a sentimientos de culpa.

Esta creencia puede hacer que retrases la visita a los especialistas correspondientes para ver cuál puede ser el problema. Y es que, puede ser que lo haya. Da igual cuál, de parte de quien, el hecho es detectarlo (si lo hay) y solucionarlo.

Hoy, por el momento en el que vivimos, por la situación económica, por seguridad, etc, decidimos ser madres bastante tarde. Si existe algún problema de infertilidad, es mejor conocerlo lo antes posible ya que la situación es la siguiente:

  • Largas listas de espera (años) en nuestro sistema sanitario para estudiar dicha infertilidad y someterse a cualquier tratamiento de reproducción asistida. Además la edad de inclusión en las listas de espera es limitada y uno de los puntos de inclusión es no sobrepasar los 40 años con lo que si tienes 38 años, llegas tarde.
  • Sanidad privada: los costes para el mismo proceso son muy elevados lo que puede hacer que no puedes acceder a esta posibilidad.

En un momento, puedes encontrarte en un callejón sin salida en el que ser madre se transforma en algo muy complicado y esta situación es difícil de aceptar.

Sobretodo cuando se lleva en silencio, cosa que ocurre en un alto porcentaje de casos.

EMBARAZO

Como decía al inicio del artículo, cuando consigues quedarte embarazada es maravilloso y empieza el transcurso de nueve meses en el que tienes que estar feliz, conectada con tu bebé y nadie piensa que algo vaya a ir mal. Y es posible que ni te sientas tan feliz, ni estés tan conectada con tu bebé ni todo vaya bien. Tú te transformas física y emocionalmente, puede que conectes con cuestiones que nunca te habías planteado en el ámbito emocional y psicológico. Puede que te encuentres fatal y que surjan problemas propios de embarazo relacionados contigo y/o con el bebé.

Si has conseguido quedarte embarazada mediante tratamientos de reproducción asistida, emocionalmente ya puedes estar tocada, cansada, angustiada, expectante, tu confianza no está al 100%. Seguramente te sentirás muy feliz por el embarazo pero también es probable que te invada el miedo a perder a tu bebé y a todo lo que eso supone. Y es que este estado emocional, puede influir al/la bebé, puede influirte a ti, a tu entorno.

De igual forma, si tu bebé es un bebé arcoíris, puede que tengas sensaciones parecidas, alternando la alegría con el miedo, la desconfianza, la culpa, el duelo, etc.

En ocasiones nos transformamos en “figuras de cristal” con miedo a hacer cualquier cosa que pueda ser perjudicial para nuestro/a bebé.

Ante todo esto ¿tu entorno está preparado? ¿Está preparado para sostenerte emocionalmente, para entenderte, para acompañarte y que no te encuentres sola?¿Entienden tu miedo, tu irascibilidad, tus cambios de humor, tu rabia?

PARTO

es nuestro objetivo y en el que empezamos a pensar muy en serio a partir del segundo trimestre. Y para ello nos preparamos sobre todo físicamente.

Meditando sobre cómo quieres que sea ese parto, puede que llegues a la conclusión de que quieres parir de forma natural o que quieres sufrir lo menos posible y que parirás con epidural o que para ti es mejor que te programen una cesárea. Las dos últimas son las más aceptadas pero que quieras parir de forma natural cuesta que el entorno lo entienda.

Frases como: “¿estás loca? ¡Qué ganas de sufrir!”, “no estás preparada para eso” (todas lo estamos, otra cuestión es que haya factores que lo impidan) puede que toquen tu autoestima, puede que te hagan cambiar de opinión, puede que te hagan creer que no es racional y te hagan cambiar de idea.

Por otro lado, cuando te planteas quien quieres que te acompañe, puede que llegues a la conclusión de que no quieres a nadie, solo a tu pareja o a quien tú decidas. Y que cuando ya estéis en la habitación no venga la marabunta y que, encima, no respeten tu “piel con piel” tan importante en las primeras horas.

Parece extraño. Pero son decisiones difíciles de aceptar por algunos entornos. Y hasta que no lo planteamos, no somos conscientes de los quebraderos de cabeza que pueden conllevar y los procesos emocionales que se pueden abrir.

PUERPERIO

Es nuestro momento y el de nuestros/as bebés. A mi forma de ver es el momento más complicado para nuestro entorno sobre todo para nuestra pareja. Le gustaría ayudarte pero le es difícil comprenderte. La bajada de hormonas puede llevarnos a un estado de tristeza y melancolía muy importante, lo que nos lleva a un momento complicado.

En ocasiones, tanto es así, que enseguida pensamos que podemos estar ante una depresión postparto. No entiendes qué te pasa, tienes sentimientos ambivalentes, quieres estar en todos lados y no puedes. Tienes que estar feliz y te sientes culpable por no estarlo.

Podemos entrar en un estado de shock ante la imponente realidad de que todo ha cambiado y que ni tú, ni tu casa ni absolutamente nada son lo mismo.

Podemos estar aturdidas por darnos cuenta de la inmensa responsabilidad que tenemos ante ese ser.

Es posible tener problemas con la lactancia. Gran tema, en ocasiones difícil de sostener y del que todo el mundo sabe y opina al igual de todo lo relacionado con el/la bebé.

Podemos estar afectadas por el dolor físico y emocional si, por ejemplo, ha habido un parto traumático y/o violencia obstétrica.

Podemos estar cansadas, muy cansadas. La falta de sueño y descanso es uno de los factores más influyentes en la salud mental perinatal.

Por todo esto y más, es lógico y normal estar tristes, irascibles, de mal humor, exigentes, como leonas.

Por todas estas razones (y más) es tan importante prepararnos emocionalmente igual que físicamente ante este proceso e informar a nuestro entorno más cercano de lo que puede suceder y de los inconvenientes que pueden surgir.

Evidentemente no va a ser siempre así. Como digo siempre, hay tantos procesos como mujeres pero lo hemos de tener en cuenta para poder entender, sostenernos, pedir la ayuda que necesitamos a nuestro entorno y/o a un profesional.

Artículo escrito por: Noelia Ballestero , terapeuta Gestalt .

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