Es obvio que la competición es la búsqueda de un resultado óptimo que esté por encima de otros resultados, pero el problema existe cuando una competición lo llevas a lo neurótico y a tu día a día para conseguir un reconocimiento.

Desde lo neurótico la competitividad, es algo que no saciara nunca, es la búsqueda de un reconocimiento en base del fracaso de otros, y además si en esa competitividad tu sientes el fracaso porque alguien ha sido mejor en el trabajo, o en algo de tu vida, tu frustración se incrementara por haberte posicionado tu mismo por debajo de un tercero.

Volvemos a estar en una mirada exterior pendiente de la valoración externa, descentrándonos sin mirar nuestra valoración, y viviendo esclavo de una opinión siempre externa. Ya que ser preso de opiniones externas descentra, y salen todas nuestras defensas neuróticas.

Como dice Gurdjieff en sus preceptos:

No actúes por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.

Transforma tu orgullo en dignidad.

Tu cólera en creatividad.

Tu avaricia en respeto por la belleza.

Y tu envidia en admiración por los valores del otro.

Y no desde lo que uno no tiene, si no desde lo que puede aprender del otro.

Dar mucha importancia a tu éxito, es convertirse en prisionero de tu propia imagen, creándote un mundo de tensiones, el espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Si hay que competir compitamos, pero aprendamos tanto del fracaso como del éxito, sin apegarse a ninguno de los dos, dándole la importancia necesaria

La competición neurótica hace ponernos la atención solamente en el resultado y olvidarnos que siempre lo que nos lleva a realizar aquella actividad, sale de nuestro corazón, no de nuestro orgullo, y tener en cuenta que de lo que hay que disfrutar es del proceso de lo que hacemos.

Artículo escrito por: Sergi Franch , terapeuta gestalt .

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