Hemos pasado una pandemia y aquí estamos. La gente habla de Nueva Normalidad y yo no paro de preguntarme ¿cómo las palabras “nueva” y “normalidad” nos han cuajado tan fácilmente juntas? Dos conceptos tan contrapuestos y de la mano. 

A nuestro alrededor podemos oír con facilidad conversaciones sobre cómo la gente ha pasado estos meses tan convulsos. Unos mejor, otros peor, cada uno como hemos podido o sabido; o cómo nos han permitido las circunstancias. Lo que sí está claro es que esta situación ha dejado huella incluso mella en nosotros y en nuestra sociedad. En la manera de percibir nuestras emociones, en la manera de relacionarnos incluso en la forma de gestionar nuestras realidades. Teletrabajo, distancias de seguridad social, mascarillas, toques de queda e imposibilidad de reunirnos en grandes grupos. Y el miedo. Sobre todo el miedo a contagiar, a ser contagiados, a desobedecer, a salir de casa. Miedo hasta de respirar. Miedo a la vida

¿Y cómo se gestiona todo esto?

Nos hemos dado cuenta muchos durante, otros a posterior, de qué no podíamos gestionar esta situación de tanto cambio solos. A todos nos ha afectado esta situación de una manera u otra y tenemos nuestros propios duelos que lidiar. Hemos estado confinados entre las cuatro paredes que solemos llamar hogar y eso ha supuesto una obligación de parar. De pensar, de volver a nosotros, de pasar tiempo con nuestras inquietudes, nuestros deseos y también nuestras inseguridades y nuestros miedos. Y eso no siempre es agradable; pero sí necesario.

Algunos habremos seguido adelante capeando el temporal pensando que tarde o temprano esta nueva situación volverá a la normalidad que conocíamos. Metiendo una vez más bajo la alfombra todas esas cosas de las que no nos queremos ocupar por que nos dan pereza, por que sabemos que nos va a costar, porque no sabemos realmente cómo hacerlo o por el motivo que sea. Veo dos grandes respuestas que usamos para enfrentarnos a esto: 

  • Quien piensa que en algún momento todo volverá a ser como antes. Qué pasará y volveremos a abrazarnos como si nada, a no llevar mascarillas, a juntarnos con quién, dónde y hasta que nos apetezca.
  • Quienes dicen que todo va a cambiar. Que una vacuna borrará todo esto que ha pasado y que pronto esta situación será un simple recuerdo más. 

En ambos casos falla la misma cosa. Ninguna de esas dos opciones se basa en el presente. Una quiere volver a la “normalidad” y otros creen en una “nueva” era. Con eso nos olvidamos que la vida ocurre ahora. Que es en este preciso instante cuando pasa todo y que si no le prestamos atención y aprendemos a gestionar; nos la perdemos. Seguir metiendo nuestros problemas bajo la alfombra es una solución a corto plazo pero que no nos reporta ningún beneficio. Es una posposición y no una solución. Acudir a terapia, encontrar una mano amiga que nos ayude a enfrentarnos a nuestros demonios, que nos acompañe y nos empuje en la dirección correcta se convierte en una necesidad para sentirnos mejor. Hay una frase que dice:

 “Vive tu presente de tal manera que en tu futuro, tengas un bonito pasado” 

¿Cómo quieres que sea tu pasado?

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Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .


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