Existen relaciones de todo tipo. Unas más largas. Unas más cortas. Algunas se basan en puro sexo y otras veces nos relacionamos por no sentirnos solos.
Lejos de entrar en un juicio sobre por qué nos relacionamos; hoy me gustaría hablar de esos estándares que aparentemente están implícitos a la hora de establecer una relación y los cuales, si no se dan, parece que estamos haciendo las cosas mal o la relación no cumple los requisitos para definirse como tal.

¿No os ha pasado nunca al estar en una relación (sea del tipo que sea) y sentir en un punto que tenéis que cumplir ciertos requisitos? Y no me refiero para con la pareja. ¿O que si no avanzais a la par y hacia ciertos fines preestablecidos socialmente, os sentís juzgados y en cierto modo presionados?

A medida que crecemos, esto se va acentuando.
Y aún podría hilar más fino.
Si rondas la treintena se espera de ti que “quieras sentar cabeza”. Para ser feliz hace falta un marido o una mujer que te complete, una casa con hipoteca, un coche, un perro y un bebé; si no dos.

Todo lo que se salga de ahí a mucha gente le parece raro y se alude la falta de interés por estos temas, a que la persona pueda tener problemas o que aún no haya madurado. Y es que salirse de la norma por desgracia no está bien visto.
¿Qué pasa con los gustos y las necesidades individuales? ¿Dónde quedan? Y por otro lado; ¿Cumplir todos esos requisitos de los que hablaba anteriormente nos aseguran la felicidad? ¿Una vez conseguidos, qué pasa después?

Si conseguimos “el pack”, ya hemos cumplido todas las metas que se supone deberían darnos la plenitud emocional. Mi pregunta es, ¿a partir de ahí qué pasa con nuestra vida? ¿Cómo seguimos adelante, cuáles deben ser nuestras motivaciones a partir de ese momento? Es cuanto menos injusto pensar que vivimos en un mundo en que existen tantas manera de entender la vida como personas hay en él y que, pese a ello, solo exista una manera socialmente aceptada de gestionar nuestras relaciones.

Por otro lado y no siendo menos importante está el hecho de que cada relación tiene unas necesidades, unos ritmos y unos gustos diferentes. E incluso cada uno de los integrantes de esas parejas tiene a su vez estos necesidades, ritmos y gustos propios. Son solo esas personas las que pueden y deben dialogar y llegar a un acuerdo de cómo, cuándo, porqué o
incluso dónde o qué es lo que esperan de su relación. Nadie más. Si ésta implica sexo. Si solo cuidados. Si ambos. O si se trata de otras necesidades.

Pero la sociedad se empeña en encorsetar todas las relaciones con una única talla.
¿Cómo nos afecta esto? ¿Somos conscientes de nuestras necesidades relacionales o nos dejamos llevar por lo que se supone que toca? ¿En algún momento habéis sentido que estas imposiciones os han frenado de dar algún paso del que estábais convencido? ¿O por contra os han empujado a darlo?

Es importante pararnos y analizar a qué le estamos dando importancia y cuáles son realmente nuestras necesidades. Ver si estos dos conceptos coinciden en forma y si no es así, por qué lo estamos haciendo de esa manera. Es importante pararnos y observar, si nuestras actuaciones son producto de lo que creemos que se espera de nosotros o si lo son de lo que nosotros necesitamos.

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Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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