Lo primero de todo es: ¿qué son y de dónde vienen?

Los celos son una respuesta emocional al miedo a perder algo que asumimos que “nos pertenece”. Los celos nos alertan de la existencia de un supuesto peligro y son muestra clara de las inseguridades que tenemos. Suelen ir acompañados de sensaciones intensas como el abandono y la exclusión o rechazo y pueden expresarse de muy diversas formas. Normalmente tenemos claro lo que pensamos y sentimos nosotros mismos pero nunca podemos tener esa certeza sobre las personas que queremos y es por eso que nuestras inseguridades dan alas a pensamientos negativos y nos asaltan mil dudas.

Si dejáramos de lado la percepción de que el otro es una posesión nuestra, los celos no tendrían razón de existir. Los celos cuando aparecen, son una señal clara de advertencia de que debemos gestionar algo a lo que no estamos prestando atención: la dependencia, la falta de autoestima y el miedo a la soledad son claves para entender los celos.

¿Qué emociones suelen predominar cuando aparecen los celos?

Rechazo, rabia y tristeza. Una como consecuencia de la otra, y todas a la vez. Me explico: nuestras emociones son engañosas y más cuando no nos hemos parado a conocerlas un poco mejor. Así, cuando sentimos celos es porque de algún modo nos sentimos rechazados y eso suele generar sentimientos de rabia y de tristeza que a su vez, son fácilmente confundibles. En muchas ocasiones, cuando creemos sentir una
emoción, en realidad estamos experimentando la emoción contraria. Jorge Bucay lo expresa muy bien en el cuento titulado La tristeza y la furia que os dejo a continuación, de su libro Cuentos para pensar:

Un día de verano muy caluroso iba la tristeza por un camino. A un lado vio que había un lago y decidió bañarse para sacarse de encima la sensación de calor. Dejó sus ropas junto a éste y se metió en el agua. La casualidad quiso que la rabia pasará justo en ese momento por ahí. Viendo tan a gustito a la tristeza nadando, decidió darse un baño ella también. Por ello, dejó sus vestidos al lado de los de la tristeza. Estaban las dos en el agua disfrutando del momento, cuando unos truenos empezaron a sonar y unos relámpagos aparecieron en el cielo.

– ¡Vaya tormenta se avecina! – dijo la tristeza-. Me voy a ir corriendo. No me gustaría que me pillara en el camino.”

“Creo que voy a hacer lo mismo”, respondió la rabia.

Las dos salieron precipitadamente, tomaron sus ropas corriendo y se fueron en direcciones opuestas. La tristeza empezó a vestirse mientras caminaba. “Esta no es mi vestimenta. He cogido el ropaje de la rabia” se percató. Lo mismo le sucedió a la rabia. Y desde entonces, cuando uno se encuentra con la rabia, debajo está la tristeza. Y cuando uno se encuentra con la tristeza en realidad habla con la rabia.

¿Si hay celos es amor?

Otro punto importante a la hora de hablar de celos es saber diferenciar en nuestra relación entre el amor y el apego. Cuando tenemos una relación con alguien, partimos de la idea errónea que al estar con él o ella, de algún modo nos pertenece. Así, cuando la otra persona hace o dice cosas con las que no estamos de acuerdo o simplemente manifiesta su necesidad de privacidad, desconfiamos directamente tomándonos el asunto como si fuera directamente con nosotros cuando no es así. Es entonces cuando nuestras inseguridades y nuestra cabeza comienzan a funcionar de
la mano planteándonos hipótesis siempre negativas al respecto. Esto suele ser un fiel reflejo de que lo que estamos sintiendo por nuestra pareja es más bien apego que no amor. Pueden parecer sentimientos muy similares pero nada más alejado de la realidad.

El amor consiste en mostrar nuestras partes más íntimas a otra persona de forma desinteresada, sin buscar coartar a nadie, es un gesto hecho desde la libertad, la confianza y el respeto. Mientras que el apego implica un temor a la soledad, una dependencia, en cierto nivel o a veces incluso completa, de la otra persona y unas expectativas que hemos depositado en él o ella. El amor se basa en el crecimiento mutuo y conjunto, y no exige nada a cambio de su presencia. En cambio el apego restringe el crecimiento ya que motiva la dependencia imponiendo las necesidades de uno por encima del otro y es en el momento en que la otra persona no responde de la manera que esperamos cuando surgen los celos.

La existencia o no de los celos, depende directamente del nivel de confianza, no ya que tengamos en nuestra pareja (que también); si no en nosotros mismos y en cómo nos valoremos.

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.

Artículo escrito por: Yaiza Morales , terapeuta Gestalt .

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